Sobre el miedo y el humor…

4 Julio, 2008 at 3:32 pm | In Humor, Reflexión | 1 Comment

En el siguiente vídeo, al pobre chaval se le ve con un miedo en el cuerpo… y no es que le dé simplemente miedo, sino que es que se está escurriendo del cacharro. Mientras tanto, la madre, con un ataque de risa debido a los nervios (y seguramente también al miedo) ignora lo que su pobre hijo está sufriendo.

Y es que, en mi caso, casi siempre me puede la risa al miedo. La explicación es muy sencilla: en ciertas ocasiones me lo paso bomba metiendo miedo a los demás. Probablemente los que mejor me conozcan, hayan sufrido algún que otro sustillo mío (un “¡¡Buuuhh!!” por la espalda cuando menos se lo esperen) y suelen tomárselo muy bien… o al menos se contienen y terminan poniendo buena cara mientras en su interior piensan en patearme la cara.
En la facultad, en casa, con los amigos, con el novio… para mí es un rato de risa fácil a costa del miedo de los demás.

Sí, soy muy cargante cuando quiero, pero por el momento, nadie se me ha quejado seriamente sobre ello. Y no soy malo ni nada así, si al final asustado y asustador nos descojonados, termino haciendo bien.

Y con lo miedica que era yo de pequeño… me daba miedo la oscuridad, y lo pasaba fatal cuando tenía que ir a la cocina, porque la luz es de tubo fluorescente que tarda unos segundos en encenderse, y cuando me mandaban desde la salita a ir a pillar algo a la cocina, salía corriendo, llegaba al interruptor y lo pulsaba, y para no esperar en la oscuridad unos segundos, volvía como alma que lleva el diablo a la seguridad de la salita tan iluminada. Una vez el fluorescente había parpadeado suficiente y se había quedado ya iluminado definitivamente, podía entrar tranquilo.
También tenía un pánico inmenso e irracional a los truenos y, lo más curioso teniendo en cuenta lo mucho que me gustan ahora, ¡tenia miedo a los fuegos artificiales! En casa no pararán de recordarme la vez aquella en la que estábamos reunidos con la familia cenando por la noche en un restaurante, y empezaron a lanzar de repente fuegos artificiales. Mi miedo fue tal que me metí debajo de la mesa… Seguramente escucharé esta anécdota unas miles de veces más a lo largo de mi vida…

Y bueno, como todo (o casi todo) niño, miedo a los fantasmas y monstruos que podían acecharme mientras estaba en la cama. Siempre dormía tapado con las sábanas hasta la cabeza, como si las mantas fueron un refugio anti-pánico, XD.

¿Y mi miedo ahora? El suspender todo, el verme sin ciertas personas… y si tengo que elegir entre miedos infantiles pasados y miedos actuales me quedo con los de antes, que al fin y al cabo tenían fácil solución: una persona que te consolora, y todo se pasaba.

Pasado religioso

18 Mayo, 2008 at 12:58 pm | In Humor | 1 Comment

Hace dos días estuve recordando toda la paranoia de cuando yo iba catequesis y rezaba y hacía cosas religiosas, y la verdad, fue muy divertido, vistos con los ojos de ahora, es lo más ridículo que podría haber hecho nunca.

Como por ejemplo, cuando nos confesamos por primera vez… ¿qué iba a decir yo, un niño de 8 ó 9 años? Pues que me había peleado con mi hermana y que le había mentido sobre la tarea al profesor… Y la cosa es que después de la confesión uno salía “limpio” y pensaba “a partir de ahora me voy a portar muy bien y no mentiré al profesor ni me pelearé más con mi hermana, seré una persona buena”. Claro que con el transcurso de los minutos se terminaba cayendo en el pecado y al final uno se decía “bah, es imposible ser bueno, habrá que terminar siendo malo, ¡qué remedio!”.
Y es que los curas son unos morbosos y cotillas, porque intentar sacarle pecados a los niños… y es que si no se te ocurría nada que contarle, él te iba sacando cosas por medio de preguntas “¿has mentido a tus padres? ¿tienes mascotas a las que hayas dejado de cuidar? ¿robaste algo en alguna tienda?, etc”. Hubo un compañero que hablaba demasiado fuerte en su confesión y los catequistas nos decían “taparos los oídos y no escuchéis”.
Y mis catequistas era únicos… se equivocaron al decirnos el día de una excursión y aparecimos los 3 gatos de le clase con nuestras mochilitas preparados para divertirnos en nuestro paseo por el campo, y estuvimos esperando una hora hasta que al final alguien nos dijo que nos habíamos equivocado de día. Además, el típico ejemplo que te daban siempre para ser un buen samaritano “cuando veas a una viejecita intentando cruzar la calle, siempre tienes que ayudarla” y digo el típico ejemplo porque SIEMPRE era ese ejemplo.

Una vez que mis catequistas estaban malos, tuvimos que irnos a la clase de otra, y yo me quedé pillado cuando al comienzo de la clase todos se quedaron en silencio, con las manos cruzadas y los ojos cerrados. De repente, por turnos, cada niño tenía que pedir al señor por algo. “Mi abuela está mala, ayúdale a que se recupere” decía uno, “mi hermana tiene la pierna rota, te pido señor para que se cure pronto”. Cuando llegó mi turno no sabía qué decir “pues… que haya paz en el mundo”.
Y ya por último, cuando estábamos en el ensayo de la comunión, en la parte que nos tomábamos la ostia, había que hacerlo supuestamente sin masticar, sólo dejando que se deshiciera en la lengua. Me pusieron la ostia en la boca, y a mí eso me dio mucho asco, y se la eché toda babeada en la mano a la catequista; ésta me dijo que la masticara si no tenía más remedio.

Y bueno, dejo de escribir ya, que por aquí alguien me dice (y cito textualmente): “pero no escribas cosas de esas en el blog, porque la gente no lo va a leer… nada más vean que son cosas de la Iglesia pasarán de ello”. Claro, como esta persona nunca ha querido leer el blog ¬¬

Estudio intensivo

12 Mayo, 2008 at 11:26 pm | In Humor, Reflexión | 5 Comments

Tengo que ponerme a estudiar, pero algún día que otro, inconscientemente mi cerebro me la juega para que no lo haga.

Últimamente no veo SLQH, pero el día que lo hago, me autojusitico: “total, a las 5 termina, además de que no me voy a tragar el programa después del último anuncio… puedo empezar a estudiar una hora más tarde y terminar en vez de a las 9 a las 10″. En estos días, termina SLQH y me dirijo a mi habitación a estudiar, pero siempre veo que algo está en desorden en mi habitación, así que la ordeno. En épocas de exámenes, me paso el día ordenando mi habitación, y en esas condiciones hacer tal cosa entretiene tela.
Cuando me doy cuenta son las 6 de la tarde, y… ¡a merendar! Mi intención es tomar mi tazón de cereales y seguir con el estudio. Voy a la cocina, me preparo mi tazón y cuando me dispongo a tomarme en la cocina mismo la merienda, pienso que estaría mejor merendando frente al ordenador viengo algún capítulo de “Entre Fantasmas”, por ejemplo. Claro que como el episodio dura más de 40 minutos, me tomo los cereales más calmadamente y si cuando los he terminado, el capítulo todavía sigue, ¡da igual! total, siempre estará terminando… lo que pensándolo bien es otra forma de autojustificarme: “seguro que al capítulo le queda poco, y ya que estoy lo termino de ver” (haciéndome el tonto para mí mismo ante la barra de progreso del vídeo, ¡juas!).
Bueno, una vez concluída la merienda y el capítulo de la serie, me dispongo a estudiar (¡¡ESTA VEZ SÍ QUE SÍ!!) saco, los libros, empiezo a hacer un problema de matemáticas y de repente entra mi hermana pequeña en mi cuarto (también está ella de estudios) y empieza a hacerme tonterías… yo intento ponerme a su altura haciendo tonterías más grandes que ella y es que, hete aquí, otra forma de autojustificanos (mi hermana y yo): “estamos hablando un poco entre hermanos, sólo son 5 minutos de nada, esto servirá para relajarnos” (5 minutos que se pueden convertir en media hora, en el mejor de los casos).
Bueee, son más de las 7, me voy a intentar poner de nuevo, pero… ¿qué es eso que escucho por la tele? Creo que mi madre está viendo algo interesante en el salón. Así que pillo algo de picar, como si pareciera que estoy haciendo un descanso rutinario de mis horas de estudios, y me siento con mi madre un ratito en el salón, viendo la tele. Otra autojustificación “hablar con mamá siempre es bueno, una relación madre-hijo siempre hay que cuidarla”.
Y es que en mi caso, la época de exámenes es sinónimo de época de picoteo a todas horas, pues es un mecanismo de autodefensa (leáse también autojustificación) que tendrá mi cuerpo, vete tú a saber, para mantenerme bien alimentado y que mi cerebro rinda bien en todo momento.

Esta vez, cuando son las casi las 8, me dispongo a estudiar, y lo hago, aunque no más de una hora y media, pues cuando son las 9.30 me entra la tentación de utilizar el ordenador para fines sociales (chatear o jugar a algún juego online) ya que llevo desde las 5 de la tarde estudiando y eso quema mucho aunque no os lo parezca (no, aquí ya no hay autojustificación, aquí lo que hay es que tengo una cara impresionante).

Es algo que me ocurrió por ejempo, el jueves pasado, ¡y espero que tarde en volverse a repetir!

PD: Otro “síndrome” asociado al estudio es el de la simetría (no, no es porque esté liado con geometría), y digo simetría porque a veces tengo que colocar todos los objetos sobre la mesa de la forma más simétrica posible, porque así queda mejor a la vista y porque… ¡¡porque sí!! ¡¡¡No me digáis cómo tengo que estudiar!!!

Aprovechar la hora de clase

18 Abril, 2008 at 6:18 pm | In Humor | 2 Comments

Marga y yo estamos en la misma clase, y por ahora llevamos un récord impecable en asistencia. Tan sólo tenemos un problema, ¡algunas son tan aburridas! Por eso las aprovechamos, entre otras cosas, para hacernos a nosotros mismos éstas caricaturas:

Nota: Pinchad en las imágenes para verlas ampliadas en condiciones.

PD: A partir de ahora, los posts que escriba yo, Andy, estarán con las letras en azul; los que escriba Marga permanecerán con letra negra.

Una tarde… desde luego NO relajada.

11 Abril, 2008 at 7:17 pm | In Humor | 2 Comments

¡Viernes recién salido de la facultad camino a casa! Mis pensamientos sólo eran llegar a casa, comer, y luego tirarme a ver “Sé lo que hicistéis”, leer un libro, ponerme con el ordenador, ver una película… en fin, una tarde de vagueo, que de vez en cuando me gusta tomarme un rato así, porque aunque ahora esté saliendo a la calle algo más, todavía queda en mí parte del casero que casi siempre he sido. El planing de por la tarde era ir al Salón del Manga de Jerez, pero es que ya estuve otros años, y siempre es lo mismo, y cansa eso de ver siempre el mismo cutrerío. ¡Esta tarde es solamente mía!

Llego a casa, y lo de siempre, poner la mesa, comer, todo muy relajado, ver el programa, se va todo el mundo, me quedo sólo en casa… estupendo ¡bien!. Cuando me dirijo a continuar mi rato de paz y tranquilidad al ordenador, llaman al telefonillo.

-Illo, baja un momento.

Bueno, ese momento siempre termina siendo una eternidad.

-Me voy yendo para casa-digo

-Vale, ¡hasta luego!

Estamos cogiendo camino cuando de repente a mis espaldas

-¡Espera! ¿No tendrás por ahí los juegos de los recreativos reunidos en un CD?

-Sí, claro.

Subir, bajar, charlar 4 horas (tanto no, sólo es una exageración) sobre el CD, y volver a hacer un amago tras otro de despedida. Me enfurezco un poco, porque no me deja irme, siempre me saca algo para dejarme un rato más, y cuando decido subir, soy yo el que tengo que soltar algo que se me quedó en el tintero.

Por fin llego a mi casa de nuevo, ¡el sofá me está esperando! Pero llaman al teléfono. Es para mi hermana pequeña. Vuelvo a ir camino al sofá y… RIIIIIIINGGG, ¡teléfono!. Es para mi hermana grande. Nada más colgar, vuelve a sonar, ¡de nuevo para la pequeña! Bueno, ya no volverá a sonar más este teléfono… el fijo desde luego que no, pero el móvil suena en cuanto me acomodo en el sofá, y está en la otra punta de la casa (no tengo una casa grande, pero a vistas de un vago, puede suponer mucha distancia). Voy corriendo, cojo la llamada “hola-muy-buenos-dias-le-llamamos-desde-Movistar-para-informarle-de-las-ofertas…”. ¡Ya llamastéis hace un par de semana y os dije que NO!
En fin, de nuevo al sofá, pero ya se me quitaron las ganas, así que decido coger un libro y leer un rato. Cuando llevo leídas 2 páginas el telefonillo de nuevo, llega mi hermana de trabajar… ¡¿por qué a mí, Dios, POR QUÉ!? Ahora sé que existes y que eres muy vengativo (se llama Matt Groening, XD). Retomo la lectura, y suena el teléfono. Mis amigos, para decir que qué vamos a hacer hoy luego a la noche… “me da igual, lo que sea, lo que me digáis, ciao”.

Pero bueno, ya se me han quitado las ganas de leer, voy a ponerme a escribir toda mi aburrida tarde en el blog, así al menos me entretengo mientras siguen interrumpiéndome. ¡Qué cosa que he escrito todo el post sin que nadie me vuelva a interrumpir!

Esos locos bajitos.

7 Abril, 2008 at 6:39 pm | In Humor, Reflexión | 4 Comments

Los niños pequeños, esos que tienen menos de 12 años y que saben hablar, configuran todo un colectivo de personas tan variable como lo son el colectivo de personas adultas.

Hace poco, si me preguntábais si me gustan los niños, habría respondido que no, pero esa no es la respuesta correcta. Como con los adultos, y por mucho que pueda parecer radical, hay niños que me caen bien, y niños que me caen mal.

De entrada, esos niños resabiados que hablan como viejos que salen en los programas de televisión haciendo las delicias de todas las abuelas de España, son los que más odio me confieren. En especial mención, ese que toca el tambor y ese que torea. Y es que, como suelo decir ” paso que un viejo se comporte como un chavalín, pero desde luego es totalmente anti-natural y odioso que un chavalín que se comporte como un viejo” (en este caso Isabel y Fernando, tanto monta NO monta tanto).

También están los típicos niños mimados, esos que se llevan muy mal con los niños normales. Y es que mientras los niños normales no paran de hacer travesuras, de gritar, de imaginarse que están peleando con un dragón, de ensuciarse y subirse a los árboles, etc, los niños mimados se quedan al margen de todo esto porque, simplemente, ellos se ven demasiado adultos como para hacer cosas de críos. Lo bueno es que son los primeros que acudirán llorando y chorrendo mocos a papá y mamá porque una mosca les pegó una patada.

Profeso odio por ciertos niños, pero el odio es mutuo, muchos de ellos me odian sin motivo aparente, y yo lo acepto (¡qué remedio!). Con ellos me pasa como con los perros: o me odian mucho, o me quieren demasiado, nunca hay término medio.

Y con todo esto, aún así, algunos chiquitines son tan monos, y tan majos y tan… niños… ¡quién volviera a ser niño de nuevo! Y es que no hay nada como volverse niño con un niño durante un rato.

Así que en resumen, hay niños para todos los temperamentos. Y mejor así, más variabilidad, más divertido será el mundo.

PD: Que no se ofenda nadie sobre algo que haya podido molestarle sobre este post, que aunque refleja un pensamiento real que tengo, no deja de estar escrito en clave de humor. Y aquí un vídeo, que para mí debería haber ganado algo en los Youtube Awards

El Juego de tu Vida

3 Abril, 2008 at 2:21 pm | In Humor, Reflexión | 9 Comments

Para mí siempre será “El juego de la oca”, ¡me encantaba ese programita! Con la Oca, el Fleky, Emilio Aragón y la famosa caída de Lidia Bosch (pincha aquí para ver vídeo).

En la literatura, el juego de tu vida para mí será siempre “El Juego de Ender” y todas sus sagas, libros que recomiendo a todas las personas a las que le guste mínimamente la ciencia ficción (tengo que dedicarle un post tarde o temprano).

Pero “El juego de tu vida” es un programa que estrenaron ayer en Tele 5. Y me quedé un poco traumatizado al ver los primeros minutos de tal programa. Consiste en que un concursante tiene que contestar a preguntas muy íntimas y personales, y si contesta la “verdad” (“verdad” según el polígrado, por eso lo pongo entre comillas) pues pueden llegar a ganarse 100.000€. Para dar más espectáculo, llevan a 3 personas (familiares y/o amigos del concursante) que pueden cambiar una pregunta (sólo una vez) si creen que van a verse comprometidos con la respuesta.

La verdad es que somos unos morbosos, lo que nos puede llegar a gustar un cotilleo… Lo que no sé cómo la gente puede prestarse voluntaria para estos shows televisivos. Es una de las cosas más denigrantes que he visto nunca en la tele. Y es que se ve que el dinero puede con todo lo demás.

Trauma infantil

19 Marzo, 2008 at 10:30 pm | In Humor | 3 Comments

Estaba recapitulando y recordando cosas de mi infancia, de cuando cursaba mis primeros años de cole, allá por parvulitos (un mini-yo, vamos).

Siempre que teníamos que entrar en clase, formábamos una fila india al toque de la sirena; el que llegaba primero era el que ocupada el primer puesto en la fila, luego había que pelear por el primer puesto; yo nunca tuve especial interés en ponerme primero, pero un día, al tocar la sirena, estaba justo en el sitio dónde comenzaba la fila y me hize con el primer puesto. Me sentía bien, ¡estaba primero! En segundo lugar se puso el que era por aquel entonces mi mejor amigo, pero no se contentaba con estar el segundo y me pegó un empujón para ponerse primero; yo simplemente fui a decirle tal injusticia a mi profesor; él me respondió “déja a tu amigo primero” y resignado me fui al último puesto de la fila, que era el único que quedaba libre ya.

En otro momento, estando yo en el recreo, también en parvulitos, de nuevo mi mejor amigo me bajó los pantalones, ¡bajarme los pantalones! Fui de nuevo a contárselo a mi profesor. ¿Sabéis lo que hizo? Se echó a reir. Desde entonces nunca le conté nada más a ningún profesor.

Eso en cuanto a la escuela. En cuanto a la vida familiar, estando yo con 7 u 8 años jugando en la plazoleta que hay bajo mi casa, vienen unos niños mayores que yo, que siempre querían pegarme y me dicen que me vaya, que se van a poner a jugar ellos porque quieren. Por fortuna pasaba mi padre por allí, y fui a decirle que echara a los demás niños. ¿Sabéis lo que hizo? Me dijo delante de todos que yo había jugado ya un rato y que ahora les tocaba jugar a los demás. Ahora sé que lo que sentí en aquel momento fue impotencia y decepción, y desde entonces jamás llamé a mi padre para que me ayudara en algún problema con los niños de la calle.

Y bueno, es algo en lo que siempre he pensado mucho, a pesar de que pueda parecer una tontería, pero es una espinita de decepción y crecimiento forzado que se me quedó clavada.

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